Cuestión de credibilidad

Es un tema interesante, aunque directamente relacionado con mi trabajo. Seguramente también con tu trabajo. Es al mismo tiempo inquitante, por que hay factores implicados en este asunto que escapan al raciocinio, que son intuitivos, no mesurables, que no se pueden aprender. Se tienen o no se tienen. Y si no los tienes, amiguete o amiguita, te puedes pasar años luchando para llegar a alcanzar apenas un porcentaje ínfimo de lo que consiguen los tocados por el don.

Hablo de la credibilidad. Del carisma si se quiere enfocar más ampliamente. Hablo de los motivos por los que alguien con un buen mensaje que transmitir no logra llegar a arrastrar a los demás, mientras que otros consiguen mover esfuerzos ajenos con apenas un gesto, una mirada, un tono de voz.

No me quejo. Podría hacerlo muchísimo mejor, pero no me quejo. Dígamos que estoy aprendiendo. Aprendo que no hay trucos, que se trata de ser transparente y que detrás tuyo no tengas cartón piedra sino una idea clara. Que a medio plazo y sobre todo a largo, se gana cuando uno deja de esforzarse. Cuando uno apela a lo que es y a la honestidad de que el camino emprendido lleva a buen puerto, o a un intento noble de alcanzarlo, sin pretender más. Que no es poco. Cuando uno tiene claro lo que dice y por qué lo dice como lo dice. Queda mucho camino, pero es una buena base.

Hanif KureishiPor ello, las dos últimas citas de “El Buda de los suburbios ” de Hanif Kureishi . Una novela en principio desconectada totalmente de temas como “sea un directivo creíble leyendo este libro de autoayuda para norteamericanos”. Y sin embargo, ambas citas tienen algo que ver con lo que intento explicar en este post. La primera es apenas un subterfugio casi divertido a poner a prueba. La relación con la segunda va un poco más allá y creo que vale la pena una pensadita al respecto…

Ya había descubierto que, en la vida, cuando uno se muestra excesivamente entusiasta los demás suelen parecerlo menos. Y, en cambio, cuando uno se muestra poco entusiasta los demás suelen entusiasmarse. Así que, cuanto más entusiasmado me sentía, menos entusiasmado solía mostrarme.

El trabajo de actor es un trabajo muy curioso -nos había dicho Pyke-. Intentas convencer a la gente de que eres otra persona, de que ése no eres tú. Pero, para conseguirlo, hay que hacer lo siguiente: cuando encarnas a un personaje, cuando representas a alguien que no eres tú, tienes que ser tú mismo. Para lograr que ese ser ajeno a ti parezca real tienes que recurrir a tu auténtico yo. Un gesto fuera de lugar, una nota equivocada o cualquier cosa fingida y el público te cala tan deprisa como a un católico desnudo en medio de una mezquita. Es la paradoja de las paradojas: ¡Para conseguir parecer otra persona, tienes que ser tú mismo!

Si te gustó, ¡compártelo!

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

    *

    Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>