Dos toques de Hojarasca

Los aviones son a la lectura como los parques o las mañanas lluviosas de domingo. No entiendo a quienes apenas se despega, caen dormidos. Para mi es uno de los mejores momentos para leer. Y pocas cosas más pueden hacerse en semejante trance…

Cuando el viaje es largo y en compañía, lo interesante es compartir libros: se reduce peso y volumen, se amplian los campos de conversación. Tras el pacto acerca de los títulos que nos habían de acompañar, cayó en pocas horas La Hojarasca, mencionada como primera novela de Gabriel García Márquez .

Hay dos libros de Gabo que me marcaron. Cien Años de Soledad (a ti también, ¿verdad?) y El Amor en los tiempos del Cólera.

Al lado de estas dos catedrales de la literatura, la Hojarasca pasa desapercibida, es una capillita que bien merece una lectura, un rezo breve pero reconfortante. Me recuerda, un poco, a la más redonda Crónica de una Muerte Anunciada, por compartir lo inevitable de su final.

Como este blog va de citas, no dejaré pasar la lectura de La Hojarasca (1954) sin apuntar dos imágenes que me han parecido especialmente bonitas:

La señora Rebeca (…) atada a la vida por las minúsculas raíces de lo cotidiano.

Y antes de que tengamos tiempo de saber qué sucede, irrumpe la luz en la habitación, de espaldas, poderosa y perfecta, porque le han quitado el soporte que la sostuvo durante doscientos años y con la fuerza de doscientos bueyes, y cae de espaldas en la habitación, arrastrando la sombra de las cosas en su turbulenta caída.

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