El Choque de Culturas

Hace unos meses adoptamos a un perro. Contactamos con SOS Golden, y tras un par de entrevistas, nos decidimos por un saquito de huesos con la piel en un estado lamentable y de mirada tan triste que el nombre adecuado fue fácil: Tristán. Pocos meses más tarde se ha convertido en un bicho adorable, sano, juguetón y sociable con personas y perros, aunque a veces mantenga esa mirada tristona…

Pero el post no va sobre el perro, sino sobre el libro “El Choque de Culturas“, de Jean Donaldson. Seguramente, soy de los pocos que se empeña en leer los manuales de instrucciones de los gadgets que hay en casa, y claro, Tristán venía sin manual. Yo nunca he tenido perro (mi pareja sí) y necesitaba saber más. Preguntando a las amables voluntarias de Sos Golden me recomendaron este libro. Y se lo agradezco.

Choque de culturasEl Choque de Culturas” es uno de esos textos para desaprender. Desmonta los mitos que todos hemos oído alguna vez acerca de por qué los perros se comportan como lo hacen (errores como pensar actúan movidos por su tozudez, rencor, ganas de demostrar dominancia…). Deshace los prejuicios que puedas tener y te muestra cómo funciona (no me atrevo a decir “piensa” o “razona”) un can. A medida que iba leyendo este libro (que honestamente, podría haberse redactado mucho mejor) he pensado más de una vez cómo es posible que el homo sapiens haya convivido tantos miles años con el canis lupus familiaris y aún no sepa entenderse mejor con él.

Si te interesan los perros, este libro te va a venir mucho mejor que ciertos encantadores que corren por ahí…  Entre otras cosas, verás que aplicar criterios morales humanos a los perros no funciona. Olvídate de “hace esto por que sabe que está mal y ahora se siente culpable” ¿No lo has oído alguna vez?

Repítete a ti mismo a modo de mantra: los perros no aprenden lo que es correcto y lo que no lo es, aprenden qué es seguro y qué es peligroso. No por ello los perros son menos sofiticados o valiosos que si moralizaran sobre ello. Simplemente es su forma de ser.

Donaldson argumenta que si tu perro hace algo mal (osea, algo que realmente no te gusta a ti, ya hemos dicho que desde el punto de vista del perro “mal” y “bien” no significan gran cosa) es muy posible que puedas reconducir la situación si sabes cómo:

Tienes el control absoluto, sólo que nunca se lo has demostrado a tu perro. Nosotros, los humanos, somos quienes disponemos de pulgares prensiles, de un cerebro grande, circunvalado y como un melón, y de una habitación llena de información sobre el aprendizaje y la motivación animal. Los cabezas de chorlito no pueden evitar ser adiestrados.

De esta última frase habría muchas más aplicaciones en contextos muy humanos… Pero lo que me interesa de la cita anterior no es transmitir la imagen de un hombre todopoderoso ante un perro incapaz, sino la enorme resposabilidad de que de ella se deriva. Cuando veo a según quién con perros de ochenta kilos y mandíbulas capaces de generar mil kilos de presión, no me preocupa el bicho, me preocupa el sentido de la resposabilidad de quien lo tiene.

El libro da muchos ejemplos de cuánto nos equivocamos al pensar que “nos entienden” tan bien como nos gusta creer cuando les aplicamos criterios humanos. Para un estudioso de la comunicación, resulta muy interesante. Hay un relato en el libro que traza un paralelismo para que nos sea más sencillo ponernos en su piel. Es un poco largo, y aunque parece sensiblero, lo que explica ocurre a diario si le dais una vuelta. Y es dramático. Os lo resumo…

Imagínate que vives en un planeta en el que la especie dominante tiene una inteligencia infinitamente más sofisticada (…) Son los Gorn. (…) Se comunican entre ellos a través de complejas combinaciones telepáticas, movimientos de ojos y sonidos de alta frecuencia totalmente ininteligibles para los humanos (…) Lo que sí pueden aprender los humanos es el significado de algunos sonidos aislados tras repetidas asociaciones con cosas que tienen relevancia para ellos (…)

Imagina que eres uno de los humanos que tienen la suerte de vivir dentro de la casa de una familia Gorn. Otros humanos están en el jardín encadenados en pequeños cobertizos y tienen tanta hambre social, padecen tal aislamiento que no son capaces de controlar sus emociones en cuanto se les acerca un gorn. Los Gorn consideran que por culpa de este comportamiento nunca llegarán a convertirse en “humanos domésticos”. Son demasiado excitables.

El hogar que compartes con la familia Gorn está repleto de cuencos de porcelana llenos de agua, junto con lavamanos. Sin embargo siempre que intentas hacer pis en uno de ellos, cualquier Gorn que se encuentre en las proximidades te ataca. Aprendes a utilizar el retrete sólo cuando no hay ningún Gorn. A veces llegan a casa y te meten la cabeza dentro del retrete sin que exista ninguna razón aparente. Odias que te hagan eso y empiezas a hacerles la pelota cuando vuelven a casa para que no te vuelva a pasar, pero ellos creen que eso es un indicio claro de que te sientes culpable de algo que todavía desconocen.

También te castigan por ver vídeos, leer determinados libros, hablar con otros seres humanos, comer pizza o pastel de queso, escribir cartas, etc. Los Gorn creen que son problemas de comportamiento. Para evitar volverte loco, esperas a que no estén en casa para hacer todo aquello que deseas. Mientras están cerca estás sentado tranquilamente y con la mirada al frente. (…) ellos achacan a tu “rencor” que cuando te quedas solo te pongas a ver películas de vídeo y a transgedir otras reglas (…) Lo peor de todo es que te caen bien, después de todo se suelen portar bien contigio. Sin embargo, cuando les sonríes te castigan, y lo mismo sucede si intentas estrecharles la mano para saludar. Si te disculpas, vuelven a castigarte (…)

Al final te llevan a una escuela de “adiestramiento”. Gran parte del adiestramiento consiste en dejarte momentáneamente sin respiración con un collar metálico alrededor del cuello. Están convencidos de que entiendes perfectamente los chillidos que emiten y la comunicación telepática, porque parece que a veces respondes correctamente (…) Un día ves a un Gorn acercándose con el collar de adiestramiento en la mano, tienes el síndrome premenstrual, te duele el cuello y la verdad es que no te apetece soportar la desconcertante coacción a la que está a punto de someterte. Le dices con voz seria que por favor te deje en paz y se vaya. Los Gorn están perplejos por este comportamiento agresivo sin previa provocación(…)

Te meten en uno de sus vehículos y te llevan a (…) un edifico impregnado de olor a sudor y a excrementos humanos. Hay humanos en pequeñas jaulas por todas partes (…) Tus Gorn, con los que habías vivido toda tu vida, te entregan a un desconocido que te arrastra a una pequeña habitación. Estás aterrorizado y le gritas a tu familia Gorn que te ayude pero ellos se dan la vuelta y salen del edificio. Te quedas allí retenido y te ponen una inyeccíon letal.

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    3 respuestas a El Choque de Culturas

    1. Me ha encantado leer tus comentarios sobre “El choque de culturas” estoy totalmente de acuerdo en lo que dice y me parece que lo explica de manera muy didactica.
      Pero como habras visto mi nombre es Tristan como tu perro y queria comentarte que el significado de este nombre es todo lo contrario al que tu refieres. Viene del gales y significa algarabia, alegría así que si como comentas Tristan ha resultado ser un perro sanote y alegre le viene de perlas el nombre.

      • Gracias Tristán por la aclaración acerca del nombre. una demostración más de que las cosas no son siempre lo que parecen.

        Y gracias Eva por vuestra ayuda…

    2. Hola V,

      Gracias por adoptar a Tristán. Gracias por querer enternderte con él y hacer este esfuerzo para ello (si todo el mundo lo hiciera, no tendríamos tanto trabajo, eso seguro!!).

      Me ha gustado mucho el comentario sobre el libro.

      Saludos,

      Eva-Sosgolden

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