Religión, cerebro y droga

Este post va de tres temas que me interesan mucho. Por eso quedará taaaan largo…

Me interesa saber cómo funciona el cerebro, cómo de una amalgama de células aparece la conciencia, pensamientos, ideas. Saber cómo funciona el cerebro es saber más acerca de quién soy.

Me interesa conocer acerca de lo que afecta a ese mecanismo, como por ejemplo el uso de drogas. Eso no quiere decir que las consuma: soy consciente de que lo único que realmente tengo es un cerebro y lo cuido lo que puedo. Pero yo soy en función de lo que mi cerebro percibe, en cualquier estado.

Me interesa saber por qué el hombre siempre ha recurrido a religiones (en cualquier cultura, el cualquier lugar). Puedo declararme ateo sin problema, pero de la misma manera que me interesa el efecto de las drogas en el cerebro y no por ello las consumo, me interesa el papel de la religión en la organización humana pese a no seguir ninguna religión. Por que en el fondo, la religión es, en mi opinión, un atajo para explicarnos en ese cerebro las cosas que no llegamos a comprender. Allí donde nuestras neuronas no llegan, hacemos llegar al mito, al Dios o a la intervención divina que toque. Yo soy lo que sé, lo que no sé, lo que percibo, lo que creo y lo que me hacen creer.

haciendo la contra 2A lo largo de la lectura del libro de entrevistas “Haciendo la Contra” di con tres entrevistas (todas por Víctor Amela) que tratan desde diversos puntos la relación entre cerebro, drogas y religión. Algo que también tocó Aldous Huxley en “Las puertas de la percepción“, algo que cita en varios apartados “Un antropólogo en Marte” de Oliver Sacks y algunas entrevista y libros de Punset. Pero querer sumarlo todo convertiría este incómodamente largo post en algo seguramente ilegible.

De la lectura de las tres entrevistas podrían concluirse una serie de ideas interesantes:

Jonathan Ott1) Drogas y espirititualidad van de la mano en la historia del hombre. El etnofarmacólogo Jonathan Ott se define como

“soy especialista en etnofarmacognosia: estudio el uso tradicional de plantas visionarias en pueblos primitivos y analizo sus efectos” (se refiere a plantas) que Gordon-Wasson y yo bautizamos como “enteógenos”, neologismo que significa “dentro de mi” (“en”), dios (“teo”) surge (“geno”): son substancias que diluyen tu yo, expanden tu consciencia y la conectan con el todo, con otra dimensión de la realidad… (…) Gordon-Wason fue el primero que se atrevió a afirmar que el consumo de enteógenos está en el origen de la religión.

Tiene bastante en común con la opinión de Francisco J. Rubia, un neurobiólogo especializado en Neuroteología, una disciplina que estudia los fundamentos neuronales de la experiencia espiritual. Dice:

“el extasis místico consiste en una experiencia (transitoria) de disolución de la dualidad Yo-Naturaleza (o sea, desaparece tu ego, fundido en uno con el todo) y de suspensión del flujo del tiempo.” (…) “se siente que todo encaja, todo se ilumina, todo está bien” “en realidad ha sucedido un estímulo del lóbulo temporal derecho (más visuoespacial y responsable de emociones, afectos) y una suspensión de la actividad del lóbulo parietal izquierdo (el lógico-matemático, analítico, que capta la dualidad y antonimias como arriba-abajo, antes-después…)”

el ser humano es religioso por naturaleza. La sensación de trascendencia, de unicidad, va con nosotros. Es una sensación más en el abanico de las sensaciones humanas”

Ott da ejemplos de como la ingesta de alucinógenos se ha ido camuflando y disolviendo en ritos que perviven hoy:

“Fíjese en el rito cristiano de comulgar: es meter a Dios dentro de uno…, simbólicamente ¿verdad? O sea, ¡se estilizaba lo que primitivamente hacíamos de veras: ingerir un enteógeno”

Ott explica el impacto de ciertas drogas en el lenguaje que usamos hoy:

“Una planta que usaron los pueblos celtíberos fue el beleño: por eso hay un dios céltico llamado Belenus…, y de ahí el verbo embelesar”

“Para Gordon-Wasson, la amanita muscaria es el soma que comen los dioses de los vedas hindúes. Y fue un enteógeno tradicional en Cataluña, donde aún hay memoria de su ingesta entre pastores pirenáicos: ¡de ahí la expresión popular “tocat del bolet” (tocado por la seta), cuando uno se comporta de forma rara!”

giorgio samoriniEl uso de la amanita muscaria también es citado en la entrevista al etnobotánico y etnomicólogo Giorgio Samorini sostiene que la usan varios animales , y por ende, chamanes que consumen esos mismos animales o partes de ellos para conseguir los mismos efectos que produce este alucinógejo.

Ott no se limita a las anécdotas acerca del uso ancestral de drogas y su reflejo en el lenguaje y extiende la influencia de las drogas al arte:

“hay motivos artísticos que se repiten en diversas culturas que no tuvieron contactos entre sí: ¿La explicación?: ¡esos motivos gráficos son fruto de visiones similares, generadas por drogas y sustancias similares!”

2) El uso de drogas se da en la naturaleza y podría tener una función evolutivaGiorgio Samorini sostiene que:

“todos los animales se drogan”

Y además, se drogan buscando ese efecto, poniendo como ejemplo a renos, sapos, elefantes, ratones, gatos, cabras, monos:

“las evidencias de consumo intencionado son apabullantes: el animal insiste en la repetición de esa conducta, aunque implique algún riesgo: ¡Es la regla, y no una desviación”

La desviación, obviamente, es la del humano que se droga tan a menudo estúpidamente. Así como los animales pueden tener un motivo para el uso de drogas:

“tal conducta implicaría cierta función evolutiva en las especies: salirse de comportamientos básicos ya conquistados (alimentarse, reproducirse) tiene sus costes, cierto, pero a la vez abre posibilidades adaptativas nuevas…”

En nuestro caso Samorini da cuatro motivos por el que el hombre recurre a estas sustancias:

“para buscar placer, para buscar valor para la lucha, para evadirse de uno mismo y de su entorno cotidiano y para buscar un conocimiento más hondo de la realidad”

Como curiosidad, Samorini explica que el animal más drogadicto es la cabra, y a ella le debemos el descubrimiento del café y del khat (planta euforizante que millones de personas mascan en Oriente Medio, llamada flor del paraíso)

3) La espiritualidad tiene una explicación neuronal: todo está en nuestro cerebro

francisco j. rubiaUna disfunción del cerebro o una estimulación de determinadas zonas del órgano rey (sea mediante electricidad o mediante drogas) puede desencadenar una serie de percepciones que pueden interpretarse de forma religiosa. Así lo explica Francisco J. Rubia:

“está muy claro que Santa Teresa de Jesús tenía epilepsia del lóbulo temporal derecho, que se expresa en el síndrome de Gastaut-Geschwind: hiperreligiosidad, hipergrafía…”

“el psicólogo Michael Persinger estimuló electromagneticamente el lóbulo temporal derecho de mil personas: unos dijeron sentir la presencia de Jesús o la Virgen; otros de Elías, Mahoma, el Espíritu del Cielo,…, según su trasfondo cultural. Y hubo ateos y agnósticos… ¡que hablaron de abducción por alienígenas!

Tras leer estas entrevistas, mi percepción acerca del fenómeno religioso cambia. Antes la veía sólo como un atajo para explicarnos lo que no sabemos y como un mecanismo de supervivencia de la especie que mantiene motivados a través de la tracendencia post-mortem a individuos conscientes de lo limitado de su vida. Ahora quizás haya que contemplar un tercer uso: la religión es también un mecanismo para conseguir cierto control sobre las drogas (enteógenos) utilizadas para apagar temporalmente los mecanismos de supervivencia pura y dura de nuestra corteza cerebral, de manera que nuestras “puertas de la percepción” se abran para encontrar nuevas vías evolutivas, nuevas pautas de pensamiento. Nuevas maneras de vernos a nosotros mismos. Otros caminos para saber quién soy.

Un post larguísimo para reflexionar un largo rato… si no te has dormido ya :-)

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    Una respuesta a Religión, cerebro y droga

    1. Me quedo con la famosa frase de Voltaire “Si Dios no existe, habría que inventarlo, pero toda la naturaleza nos grita que existe.” Aunque es cierto que existe una única verdad, la forma de llegar a ella es distinta para cada uno de nosotros. Las influencias son internas por nuestra idiosincrasia y externas por los factores sociales, pero lo cierto es que la racionalidad y el conocimiento nos debe llevar a una percepción clara,
      lúcida y amplia de esta verdad aunque jamás lleguemos a palparla
      fisicamente.

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